Agradecida por los mimos y el respeto; por la calma y la presencia; por la escucha y el cuerpo de Diana en los talleres.
Un taller que me ha movido y, que lo sigue haciendo, hasta lugares de mi infancia, de mi adolescencia, de mi vida como mujer adulta, con y sin pareja.
Miedos, enfados, rabia, malestar, impotencia, límites y más límites; aprendiendo a ponerlos.
Corazón, caricias, cuerpo, baile, música, respiraciones, contactos, miradas y grupo.
Cada día, cada momento, un cambio, una palabra, un gesto inesperado, un color distinto.
Descubrimientos nuevos y antiguos, explosivos, suaves, tiernos…
Agradecida a mi pareja por llevarme al curso, por su paciencia y por poder aprender junto a él.
Movernos juntos y separados en cada sesión.
Vivir un poquito más cada día.
Energía que fluye y sube como un globo amarillo hacia el cielo azul.

Sílvia F.